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RIO BITA


Desde el aire, el cauce azuloso semeja una gran serpiente que se arrastra entre los pastizales y la vegetación rala de los bosques inundables. Por trechos, se le ven ribetes  y manchas doradas a la serpiente, debido a los playones y bancos de arena que aparecen durante el verano.

Hasta donde la vista alcanza, no se observa caserío alguno en las riberas del Bita. Solo dos o tres construcciones pequeñas y aisladas en muchos kilómetros a la redonda. Las aguas lucen tranquilas. Sin lanchas ni canoas. Pero hasta hace pocos días era fácil ver a más de trescientos hombres, casi todos extranjeros, estacionados en los meandros de Bita a la espera de que picara un pavón, la especie más codiciada por los pescadores deportivos. Esta jauría de caña y anzuelo copa, entre enero y abril, los escasos hoteles de Puerto Carreño y le dejan más de mil millones de pesos a la economía del municipio.

Aparte de los pescadores deportivos, en los últimos meses el río Bita también comenzó a llamar la atención de los científicos del Instituto de Investigación en Recursos Biológicos Alexander Von Humboldt. El interés de los especialistas en peces, serpientes, insectos y otras especies se despertó durante la travesía que realizaron en el 2013 por el río Meta, otro de los afluentes importantes del Orinoco.

Allí tuvieron acercamientos con funcionarios de la Corporación Autónoma Regional de la Orinoquía (Corporinoquía), quienes ya venían estudiando el río Bita. Después de los primeros análisis, el Instituto Alexander Von Humboldt consideró que este río tiene muy poca intervención del hombre y puede ser un gran tesoro de biodiversidad. La directora del Humboldt, Brigitte Baptiste, y su equipo de científicos se dedicaron, entonces, a buscar la manera de preservarlo para las generaciones actuales y, sobre todo, para las futuras.

Así nació la idea de crear una alianza para salvar al río Bita. El primer paso es firmar lo que Brigitte Baptiste denomina “un acuerdo de voluntades”. Luego comenzarán a trabajar para que el Bita sea declarado “Río protegido”, una novedosa figura ambiental. Tan novedosa que no tiene antecedentes en el planeta ni reconocimiento jurídico en Colombia.

Esas son las razones fundamentales de esta visita a Puerto Carreño. A la cita asiste una veintena de funcionarios del Instituto Alexander Von Humboldt, Parques Nacionales, el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), Gobernación del Vichada, Corporación Autónoma Regional de la Orinoquía (Corporinoquía) y fundaciones ambientales como Orinoquia, Palmarito y Omacha.

Una bocanada de aire cálido invade la cabina de la avioneta de Llanera de Aviación minutos después de aterrizar en la capital del Vichada. Puerto Carreño es una muy agradable –y ardiente– sorpresa ubicada en el extremo oriental del país, junto al majestuoso Orinoco. Por estos días los casi 40 grados de temperatura obligan a los caminantes a buscar sombra bajo los árboles de mango. De este lado del Orinoco hay un malecón de unos trescientos metros, de baranda multicolor. En la ribera opuesta está Venezuela. De allí proviene buena parte de los víveres y electrodomésticos que usan los diez mil habitantes de Puerto Carreño.

El subdirector científico del Instituto Von Humboldt, Germán Andrade, dice que se imagina el río Bita como un gran laboratorio al cual lleguen investigadores de todo el mundo y como un lugar donde se puedan desarrollar técnicas para preservar otros ríos de la altillanura, como el Tomo, que también atraviesa el departamento de occidente a oriente.

“En un río protegido no están prohibidas las actividades humanas”, aclara Germán Andrade, quién es partidario de cambiar el nombre de Bita por Vita, que representa vida. Así lo ha encontrado escrito Andrade en antiguos mapas de la Orinoquia.

“Un río protegido es el lugar donde, mediante la investigación científica y los acuerdos sociales con quienes intervienen en el territorio, se mantienen la biodiversidad y las demás características del río”, dice.


Las amenazas

Una de las personas más activas durante la cita para firmar el acuerdo es el gobernador del Vichada, Sergio Andrés Espinoza, un ganadero de Cumaribo. Espinoza ha sorprendido a quiénes conforman la alianza. Su administración se comprometió a aportar 1.560 millones de pesos para ayudar a salvar el río Bita, cuyas aguas desembocan a cinco minutos en lancha desde Puerto Carreño.

“Esta alianza es la oportunidad para conocer nuestro territorio y, de acuerdo a ese conocimiento, poder hacer algunas intervenciones para que aquí no ocurran los estragos ambientales que están sucediendo en el país y en otras partes del mundo”, dice el gobernador.

El dinero se suma a los 960 millones que ya invirtió Corporinoquia en la caracterización y preservación de las especies y en proyectos de educación ambiental. La directora de esa corporación autónoma, la ingeniera industrial Martha Plazas Roa, asegura que en los próximos años se invertirán otros mil millones.

El primer objetivo de los firmantes del acuerdo es construir el Plan de Ordenamiento y Manejo de la Cuenca del río Bita. “Es un plan maestro que permite conocer, por ejemplo, el diagnóstico del río y qué proyectos se deben desarrollar en un corto, mediano y largo plazo”, dice la directora de Corporinoquia.